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Los Beatles cantado sobre la tela de una Araña

Hey Jude. Mi favorita creo. Me emociono. Su voz resuena más que en mi oídos en mi estómago. Se siente la dicha mientras caminamos en fila, uno detrás del otro por lo angosto de la vereda. Take a sad song and make it better, la letra bailotea en mi cerebro, que buena frase, take a sad song and make it better… ¿se podrá hacer eso con la gente? Pienso que si. Siempre lo intento.

Tan solo 15 minutos y se empieza a sentir un poco de calor. Después de una semana de vivir en un congelador se agradece. Me detengo a quitarme la sudadera, noto el esqueleto de lo que parece fue una vaca. Todos están sorprendidos, nunca han visto un esqueleto. Intento recordar en qué lugar veía todo el tiempo quijadas de res, no puedo recordarlo. ¿Cerca del rastro de Ayutla? No lo sé, pero la escena me parece familiar. Debe ser cerca del rastro. Después de algunas fotos seguimos caminando. Llegamos justo a la mitad de let it be, algunos cantamos, otros solo tararea. Estamos alegres, hay sol y finalmente estamos en el Ashram abandonada de los Beatles. Prohibida la entrada dice el letrero cubierto por enredaderas, está a punto de caerse.

Cantamos imagine, más emocionados aún. María pone el playlist completo en su ipad que utiliza como cámara. La ambientación está puesta, estamos en el Ashram de los Beatles cantando imagine. Seis mil rupias es la multa para el que entre. Revisamos alrededor, no encontramos por donde. En la fachada fotos. Poses de yoga. All you need is love. Tun turururun, all you need is love, tun turururun, all you need is love, love, love is all you need. Amén pienso. Un hombre se acerca. Reticentes hablamos con él, creemos que es el guardia. No es. Nos ofrece su ayuda como guía y felices y confiados lo seguimos. En el camino empieza a circular la historia de que cerraron el lugar hace años porque encontraron el cadáver de una turista. Somos casi puras mujeres y mi querido Shawn que va a la cabeza del rebaño y Matty, vamos un poco asustados, según. Me siento intrigada, segura de que cada quien se inventa una historia diferente en la cabeza acerca de la mujer encontrada.  Llegamos a la parte trasera del Ashram después de subir y bajar, agacharnos para pasar y entramos por un hoyo cubierto casi en su totalidad por maleza, es difícil entrar, en el piso hay alambre de púas, casi no se puede ver por las ramas que crecen alrededor.

Estamos ahí. Se siente, no sé cómo, pero se siente. Los Beatles estuvieron aquí en 1968, mi papá tenía 11 años apenas, compusieron muchas canciones en este mismo lugar. No soy una gran fan, pero aquí me siento la groupie número uno.

Cuartos de meditación, las paredes decoradas algunas con murales de personas que  como nosotros irrumpieron en el lugar, fans emocionados y vándalos que escriben pedazos de sus canciones en las paredes junto a un OM. La habitación en la que se quedaron, sus baños, todo hecho pedazos, el tiempo pasa también por el concreto y los ladrillos. También se come las construcciones. No se come los recuerdos, ni la pasión, ni los sentimientos que su música dejó.

Después de Julia y Lucy in the sky with Diamonds e imaginarnos viviendo en los 60´s seguimos caminando y dejamos el Ashram atrás para encontrarnos con construcciones perdidas entre la creciente naturaleza que nos rodea. Antes esto era habitado por gente del pueblo. La imprenta, la cocina, el templo, todo casi devorado y entonces una galera enorme con imágenes de Sirvananda, Yogananda, El dalai lama, Los Beatles y mensajes de amor, paz, rebelión. Me siento ahora parte de la historia de este sitio.

La temperatura baja un poco, estamos lejos. Seguimos caminando, estoy al final de la hilera, me he entretenido tomando fotos. Recibo todos los latigazos de las ramas de los que van adelante. Me arrepiento de cargar con el lente grande, no he tomado una sola foto buena. Ni cuenta me doy pero me quedo atrás con Matty. Solitud, silencio, solo mis pisadas y las de él. Calma. Verde alrededor, azul arriba. Silencio verde azul y calma. Llegamos a una casa abandonada llena de grafitis y ventanas rotas, me cuenta de cuando hacía Raves en casas abandonadas en Finlandia, estoy entretenida pensando en la obturación y la velocidad de mi cámara, no sé qué tanto dice de las drogas y no tener que limpiar después, no estoy poniéndole atención y me desconcentra. Salimos del lugar, tengo lindas fotos. Mi cámara me gusta.

Seguimos hacia arriba, de pronto se escucha gente, todos corren y gritan. Me pongo en estado de alerta, no los veo, pasa el primero, no entiendo que dice, el segundo y no entiendo, retrocedo. Gritan. Un elefante.  Gritan dos elefantes. Cuatro elefantes. ¿Cuatro elefantes?  El guía llega al último, más calmado que los demás. Cuatro elefantes salvajes en su hábitat deambulando por ahí, algunos compañeros han tomado fotos, pero sintiendo que los elefantes los perseguían han corrido del lugar. Estoy confundida y además soy lenta. Mi cámara me hace más lenta.  Quiero verlos también, pero seguro con tanto grito ya los espantaron. Estoy molesta. Se van todos y avanzo a donde estaban ellos. Solo veo uno. Matty se queda conmigo. Tomo algunas fotos, pero lo quiero tocar. Camino, Matty me detiene. Me enojo. Quiero tocarlo. No estoy pensando. Me ha pasado antes con una tortuga en mar abierto en Oaxaca. Me aventé en medio de la nada a agarrarla. Puede matarte por accidente me dice. Pienso. Mejor tomo fotos. Su piel es hermosa, él es muy grande, ¿Qué tan grande es un elefante grande? Es grande, gris y hermoso, no tiene colmillos. Está comiendo, abre suy enorme boca y ondea la trompa de un lado al otro. Se mueve de pronto y se escucha el estruendo de los pequeños árboles que tira a su paso. Estoy impresionada, aun quiero tocarlo pero me conformo con mirarlo en silencio escondida. Me encanta mi cámara.

Salimos de ahí sin hacer mucho ruido. Los demás ya se fueron, buscamos el camino de regreso y caminamos a prisa pero no los encontramos. Pienso en Yoko Ono, ¿que se sentirá ser un cacho de historia? Quiero ser Yoko Ono en un safari por África. Salimos de la propiedad y buscamos la carretera que nos llevará a Krishna, los demás no aparecen por ningún lado. Creo que el elefante nos retrasó mucho. Me está platicando de las veces que ha venido a India. Ésta es mi primera vez. Me lleva mucha ventaja, en muchas cosas según las historias que me cuenta. Ha vivido mucho, pero dice que que ya es hora de sentar cabeza. Hay más luz, los árboles son más cortos y menos densos. Llegamos a la carretera y al doblar a la izquierda alguien grita mi nombre. Volteo, ahí está el grupo. Todos agotados, algunos extasiados por la aventura salvaje que vivimos, otro molestos porque por correr no vieron al elefante. El guía se ve orgulloso por su trabajo. No es un guía, es un local que conoce el lugar. Lo sabemos desde el principio, No nos importa. Es nuestro guía y también estamos orgullosos de él. Juntamos el dinero y le pagamos. Lo veremos en 8 días a las 10:30 de la mañana para ir a una cueva. Nos despedimos con una reverencia. Regresamos a Krishna.

Clo

099 294

5 thoughts on “Los Beatles cantado sobre la tela de una Araña

  1. Lo unico que no me gusta, es que tengo que esperar mucho para poder leerte de nuevo….y que a veces tengo que esperar a tener un momento de solaz(lo cual es raro por mis rumbos) para hacerlo. Un beso. Ya tienes un vasto club de fans! 🙂

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