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Cacahuates al atardecer

Me siento junto a Ganga a comerme una bolsita de cacahuates. Son las 6 de la tarde y el sol se esta metiendo. La emoción me invade, de mis cosas favoritas en la vida. Lo veo lentamente reflejar una hermosa alfombra sobre el río, de un color tan naranja como las flores que flotan en sus aguas. Estoy justo detrás de un montón de hombres en calzones que empiezan a vestirse, puros muchachitos de entre 15 y 25 años que vienen a sumergirse en la sagrada madre. Se quitan la ropa, la amontonan y se meten por decenas al río para recibir su bendición, deben estar helándose. A mi izquierda una persona que vende flores grita para ofrecer sus productos, lo único que entiendo es la palabra puja, se que son una ofrenda que hacen en la ceremonia del atardecer en el río, aún no he participado pero veo como algunas mujeres preciosas dejan ir una pequeña charola llena de florecitas y una vela, es lindo observar en la tranquilidad de la tarde como la corriente se las lleva lentamente. Las mujeres se paran para comprar más y unos monos llegan al lugar en el que ellas estaban y voltean las ofrendas. Son una calamidad.

La última imagen del anaranjadísimo sol se pierde y la gente empieza a irse, la temperatura ya bajó y hay en el aire un aroma dulzón de algo que no alcanzo a distinguir pero me gusta.

Desde una banca de concreto con algunas letras en hindi que no se que dicen, pienso en mi familia, que éste sol que se me acaba de ir en unas horitas más los va a estar calentando, pienso en Igor que exactamente hace 1 mes no lo veo. Lo extraño.
Un niño bailotea a mi lado y canta una canción alegre mientras se mueve dando vueltas. Siento la dicha y pienso inevitablemente en mis sobrinas y en mis futuros hijos, hay algo en los niños que me llena siempre de fe y ganas.

Un hombre con un turbante en la cabeza y su esposa se acercan a querer platicar conmigo. No entiendo lo que dicen no compartimos ningún idioma pero sonreímos mucho, eso se entiende fácil. Le digo mi nombre y que soy mexicana, espero que eso sea lo que me están preguntando, después de tomarse una foto conmigo se han marchado.

Recuerdo estar hace poco más de un año bañándome en las regaderas del deportivo con un lindo anillo en la mano sintiéndome feliz y de pronto percibir una angustia terrible al pensar que nunca podría venir a la India a hacer yoga, yo jamás había estado en una clase de yoga en ese momento, no tenía ni idea de lo que era y nunca he podido descifrar de donde vino ese sentimiento. Mientras veía un atardecer espectacular me he comido el último cacahuate que calientito se escondía en la bolsa de papel. Casi todos los testigos de este espectáculo de colores en el cielo se han ido y me decido a volver al Ashram.

Desde una cómoda banca a la orilla del río Ganga me despido.

Clo

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