El Blog

Me quedo

Han pasado tres meses y no se dónde estuve que ni cuenta me di.

Me corté el copete y ya me creció. Me lesioné la rodilla buena, se me curó sola la rodilla mala y me volví a lastimar. El cachorrito sobreviviente de la esquina esta grandísimo y juguetón. Mis amigos se fueron y otros amigos llegaron. Aprendí a pararme de cabeza con la pared pero no fue suficiente y me quise separar, me caí más de 100 veces y lo seguí intentando hasta que mis costillas gritaron y entonces así nada más me separé de la pared y lo hice. He conocido gente de tantos países diferentes que me inspiran y me enseñan y mi corazón alebrestado sueña que viaja a todos esos lados, que sueñe le doy chance. Dejé de contar los litros de chai, dejé de contar el azúcar, dejé de contar las calorías, dejé de contar los días y los corazones rotos y los intentos fallidos y los raspones. Le estoy quitando las etiquetas a todo, a lo malo que no es malo, a lo bueno que no es bueno.
Extraño a Igor. Cambié las llamadas cada tercer día con mi familia por video llamadas ocasionales y un poco de independencia y sobreviví. Me bañé en ganga y me siento bendecida. Me acabé dos cuadernos, he escrito más frecuentemente que nunca. El negocio en México va bien tengo al mejor administrador del mundo. Cambiaron mis planes, dejé de hacer planes. Me llegó la ansiedad de volver a casa y entendí que mi casa soy yo, esté donde esté esta mi casa. Mi casa soy yo. Empece a correr en las mañanas, mis rodillas respondieron bien. He dado dos clases, desafiado los miedos, he vencido mis limitaciones autoimpuestas. Se me pasó el susto. Estoy aprendiendo. No se sí quiero ser maestra de yoga aún. Empecé a pelear por ver más atardeceres. Me he observado a lo lejos para entenderme. Estoy enamorada del postre de zanahoria y de la cocina hindú. Me piden fotos porque soy extranjera y de pronto me confunden con una chica punjabi. Llegué sin invitación a una boda y no cené por pena. Llegue sin invitación a otra boda me aguanté la pena y comí el banquete más delicioso de la vida. He llorado poco, aparentemente carezco de razones, pero cuando me dan ganas chillo y si no, pues no. El enojo o la desesperación repentinamente me invaden y los reemplazo sin querer queriendo por amor y paciencia, ni yo me la creo pero me pasa. Cambiaron los planes y cambiaron otra vez. Cambié yo y eso esta bien también. Me quedo un ratito más. No se el un ratito cuanto dure, tal vez unos cuantos varios días más.

Clo

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