El Blog

Hablando de Usha Devi

Llego a la escuela algo temerosa, su fama la precede y he escuchado hablar de ella hasta en México. Practica Iyengar. Ofrece algunos cursos intensivos a lo largo del año, se llenan con 6 meses de antelación y me enteré tres días antes, de que iba a empezar uno justo al acabar mi teacher training.

Fui esperando encontrar un lugar y se rieron de mí, no quisieron ni apuntarme en la lista de espera que ya tenía a 40 personas, el cupo del curso es de 50 y ya había 40 más esperando un lugar. Regresé a la escuela decepcionada y molesta por la poca ayuda de los de recepción y la actitud tan horrible que tuvieron, yo tan shanti y ellos tan meeeh. Decidí ir de nuevo, esta es la clase de cosas que yo hago cuando decido que quiero algo, a veces presiono de más, pero creo que en estos asuntos siempre de mas es mejor que de menos, quiero quedarme siempre con la sensación de que hice todo lo que estaba en mis manos y si al final el resultado es otro, entonces es porque así tenía que ser.

En recepción está el mismo señor malhumorado del día anterior. Llego ahí pensando que voy a obtener algo y por lo menos logro que me apunten en la lista de espera. Soy la número 41, la última.

El día del curso llego muy temprano, 1 hora antes de que inicie la clase pensando que tal vez eso podría ayudar… Empiezan a entrar los que ya están registrados y llaman a algunos de la lista de espera. Se siente un ambiente chistoso de nervios y ansiedad, todos esperando tener suerte y que nos llamen también. Se cierra la puerta, no hay más espacios. Muchos se van. Un australiano que estaba sentado con sus largas y feas greñas delante de mi es el último en entrar. Se van los que no obtuvieron lugar. Me empiezo a ir, regreso, me empiezo a ir de nuevo y el de la recepción me observa intrigado, con la pena del mundo abro la puerta del salón, me agarro imaginariamente los pantalones y le pido, Usha Gi, por favor haz un lugar para mí. Me mira, la miro, nos miramos. Los demás también me miran con un alivio tremendo por no estar en mi lugar. Sé que debajo de mi piel morena estoy roja por la pena. Usha contesta, vas a estar muy apretada si quieres entrar, no ha terminado de decir la frase cuando ya aventé al compañero de al lado para que me haga campo y pongo mi tapete para empezar.

Estamos tan amontonados que no hay espacio ni para una pequeña mariposa revoloteando en el aire., todo mundo esta callado. En un ambiente de hippies que se la pasan hablando de sus sentimientos y la energía y el universo eso es muy raro. A mi lado un muchacho de unos 35 sentado en sukasana sobre un bloque de madera con el pecho abierto y las yemas de los dedos apenas tocando el suelo. La mirada a la altura de los ojos. Espalda completamente derecha.

Al otro lado una mujer tiene cerca de 50 tal vez. Sentada en sukasana sobre un bloque de madera con el pecho abierto y las yemas de los dedos apenas tocando el suelo. La mirada a la altura de los ojos. Espalda completamente derecha.

Atrás, adelante, por todos lados personas de todo el mundo sentadas en sukasana, pareciera el más disciplinado de los ejército.

Empieza a dar las reglas básicas y de limpieza. Hay que traer ropa aparte, pies completamente limpios y ropa especial para yoga, nada de pantalones de aladín. Señala a compañeros indicando lo que no quiere, ropa sucia, pies sucios, para poner en contexto, Rishikesh es el lugar más hippie en el que he estado, la gente aquí no solo se viste, se disfraza y hay una tendencia que aún no me atrevo a probar de andar caminando descalzo por la calle sorteando la caca de vaca y los montonales de basura por lo que es común ver pies terriblemente sucios manchados permanentemente por practicar barefoot walking durante mucho tiempo.

Camina sigilosamente arrastrando una de las piernas. Esta vestida con pantalones tres cuartos y una playera amarillo claro con la palabra Iyengar sobre ella. El cabello le llega hasta las orejas y es completamente blanco, lo deja suelto. Su tez es blanca. En la mano lleva una toalla pequeñita. Todos los días se pone una playera distinta con algún estampado de Iyengar, pretenden ser mensajes chistosos que solo la comunidad yoga entenderían. Tiene ojos azules. Habla un inglés con acento mezcla de suizo con Indi.

Sukasana, om, mantra a patanjali, todos en perfecta coordinación de movimientos.

Adho mukha svanasana, perro mirando hacia abajo.

– Ay Dios mío, ¿ustedes no entienden Ingles o que?

– Mete lo glúteos, mete los glúteos… ¡shpaaaw!. El primer fregadazo, no alcanzo a ver a quién se lo dio. Dije que los metas

– Trikonasa. ¿Qué están haciendo? Ustedes nunca escuchan nada quien sabe en donde tienen la cabeza…. ¡shpaaw! se escuchan los manotazos.

Tiene 65 años, es discípula orgullosa de B.K.S Iyengar. Vive desde hace 29 años en India y varios años atrás sufrió un accidente terrible que la dejó postrada por meses, en su proceso de recuperación tuvo un accidente más que le rompió casi todos los huesos. Ningún doctor auguró que volvería a caminar, después de estar postrada un rato ella dijo, lléneme con mi Guruji y tras sangre sudor y lágrimas Usha no solo camina, es una de las maestras más famosas de Rishikesh, es maestra de la maestra de mi maestra en México.

Es un ambiente tan diferente al yoga que regularmente practico que se puede sentir la competencia y hasta un poco el estrés, no es a lo que he estado acostumbrada en los últimos meses pero me siento más que contenta de estar aquí. Iyengar está basado en la alineación de cada parte del cuerpo en cada posición. Es una de las ramas más precisas de yoga.

– Es en serio, ¿Cómo piensan controlar su vida si no pueden ni controlar el movimiento de sus ingles? De nuevo, esta vez háganlo bien y si veo a alguien que lo hace mal le voy a pegar.

Esa es su técnica y es una de las cosas por las que es famosa. Yo lo encuentro divertido.

Parsvakonasana- Me mira, desaprueba mi postura con la cabeza, sonrío sin darme cuenta y dice.

-No dije sonríe, tu siempre estas sonriendo por acá y por allá, dije presiona la parte interna del tobillo.

La observetodo el tiempo, no puedo dejar de mirar la sonrisa escondida que guarda tras esa cara que parece fría, estoy completamente embobada.

Virabhadrasana I y me acuerdo de mi maestra de la primaria que nos pegaba con su anillo cuando estaba muy enojada, contrario a lo que se podría pensar es una de las maestras que más he querido, ganamos concursos nacionales juntas y cada vez que la veo nos saludamos con muchísimo cariño. No es amor apache pero creo en mi corazón que lo que les hace falta a veces a algunas personas es un abrazo. No es el caso de Usha, en mi opinión su dureza no viene de la carencia de amor, sino de la abundancia.

Me siento fascinada  y agradecida por estar aprendiendo con ella, no se trata solamente de la técnica que es excelente si no de poder ser testigo de tanta pasión a la hora de dar clases. Sé que no lo hace por el dinero, creo que es una necesidad de compartir algo en lo que cree tan fervientemente. La veo y solamente puedo percibir amor en sus ojos y su entrega en cada una de las clases, su devoción para hacer que aprendamos, que podamos llevarnos a nuestra práctica personal algo que a llena le ha servido tanto.

Hablar de Usha Devi es hablar de pasión, entrega, devoción, disciplina, dureza, amor, es hablar de yoga.

El viernes se acaba la temporada de clases y empiezan de nuevo hasta Octubre.

Ojalá algún día tenga esa misma pasión al compartir algo.

Ojalá pudiera tomar para siempre clases con ella.

 Clo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *