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La Subcomandanta

Cuando era niña y quería ser presidenta de la República y luchadora social creí que moriría a caballo de la mano de mi hombre, yo con negras y largas trenzas y un fusil en la espalda, el obviamente fuerte, guapísimo y valeroso, todo un revolucionario.

El tiempo pasó y en mi mente fui cambiando las profesiones y me alejé mucho de ese camino.

Como todos saben hace varias semanas desaparecieron muchachos normalistas y el miércoles pasado hubo una marcha para exigir al gobierno que entregue cuentas sobre ellos, no soy muy fan de andar en marchas pero me animé a dejar de quejarme pasivamente y decidí ir a manifestar mi apoyo a las familias.

Fue una experiencia super enriquecedora, había miles y miles de personas en una atmósfera de tristeza, desesperación, esperanza y unidad, por momentos estábamos en silencio y en otros se escuchaban los clamores que pedían justicia y condenaban al gobierno por todas las cosas horribles que todos hemos dejado que sucedan en los últimos días.
Iba a verme ahí con un amigo que fue mi pareja de teatro y estaba emocionada de volverlo a ver, sin embargo por la cantidad de personas que había y la mala recepción no logramos ubicarnos estando ahí.
Parada frente al contingente, sabiendo que sería imposible ver a mi amigo, decidiendo en que parte entrar, un muchacho alto, con una chamarra de piel se me acerca y empezamos a hablar apasionadamente de la situación general del país, como si en serio lo supiéramos todo, una cosa llevó a la otra y momentos después nos encontramos caminando juntos y pasando lista de los 43 muchachos desaparecidos.

Al final de la manifestación platicamos un poco mientras recorríamos el centro iluminado de la ciudad, me hablaba de filosofía, teología, psicología y sobre todo de su vida tan abiertamente que confieso que por un rato me quedé embobada y contenta por esos instantes que no se esperan, que no se planean y que te dejan un suspiro atravesado.

Últimamente me he sentido finalmente libre, estable, agusto y como que ya sin tanto miedo para que el amor me suceda y dejando que todo fluya y la vida me sorprenda y para nada digo que este hombre me guste como para ser con el que me vaya a la revolución pero me gusta como premonición a lo que viene.

Hoy me escribió un mensaje romantiquisimo de esos que creí que los varones de esta edad no escriben, la verdad sentí bonito tanta miel y me subí al avión pensando que tal vez le diga que si y a mi regreso nos podamos encontrar o tal vez decida solo dejarlo como una casualidad que duró lo que tenía que durar, unas cuantas horas.

No lo conozco, no se si lo quiero conocer, pero me emocionan las casualidades y las sorpresitas que le suceden a uno cuando uno lo permite.

En la vida y el corazón funciona como en los elevadores, para entrar, primero hay que dejar salir.

La subcomandanta de algún subcomandante que por ahí ha de andar.

Clo

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