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Derecha o Izquierda

Desperté un día, tras haber regresado a México con la idea de querer ir a Asia en Enero por algunos meses o indefinidamente. Camboya sería el nuevo destino y podría viajar después por Indonesia, Laos, Tailandia de nuevo y terminar en India para una temporada más de yoga intensivo. Sentía los planes en la mano crecer como masa llena de levadura en una cocina húmeda y caliente, aumentaban y aumentaban y se hacían más cercanos y reales.

Hace unos ayeres una amiga me diagnosticó con el síndrome del eterno viajero, la manía o adicción por conocer tierras ajenas y perderse en ellas hasta sentir que un pedazo ya le pertenece sin el deseo nunca de estar en otro lado que no sea en el camino.

Yo rechazaba la idea justificando cada uno de mis recorridos, sabiendo que sí, que conocer el mundo es el vicio que me escogí, pero también me repetía a mí misma que soy una persona de rutina, de estructura, quería pensar que de verdad India era mi última travesía antes de sentar cabeza, ahora si en serio.

Y de pronto me di cuenta, que sí, que esa costumbre de reposar en los planes y de soñar y habitar en las nubes es completamente mía, empecé sin darme cuenta a imaginarme ya caminando descalza en la playa en Indonesia o comiéndome un arroz con mango o jugando a la pelota con los niños de algún pequeño pueblo. Si, esa soy yo, estoy aquí pero a veces, si no me concentro, mi corazón y mente pueden estár en otro lado.

A pesar de los cambios constantes que vivir trae consigo, he tenido también un plan de vida y aunque ese plan se ha adaptado, su esencia no se ha modificado, tengo la meta clara, conozco algunos pasos que tengo que seguir para llegar ahí, pero ahora me doy cuenta de que este sendero no va a llevarme a ese lugar, ¿será entonces hora de regresar los pasos y buscar realizar mi plan o simplemente abandonarlo definitivamente y caminar sin rumbo pero por todos lados?

Claro, puedo andar de gitana para por la eternidad, llevo veintiocho años haciéndolo, siendo de aquí y de allá y de ningún lado, entendiendo recientemente que solo me pertenezco a mí misma y eso es más que suficiente, sintiéndome una costeña con el corazón rojo como la Jamaica Ayuteca y a veces pintado con las jacarandas de Cuernavaca, con una piel que se enchina con escuchar las trompetas de un mariachi que siente suyo y que estando lejos, añora las calles del centro del DF o los paseos por Coyoacan con su cachorro y las garnachas de cada esquina, con un alma que me sabe vieja y viajada que aunque recientemente le crecieron las alas a veces sé que le faltan raíces.

¿Qué tan posible es tenerlo todo? Siempre lo he querido todo. Siempre. Y me descubro convencida de que se puede, simplemente no al mismo tiempo. Y me encuentro entonces parada en este sitio necesitando decidir por donde caminar. Derecha o izquierda.

El exceso de movimiento en este papel de nómada que tan bien he desempeñado, me ha traído amigos como semillas sembradas sin orden ni propósito pero todas ellas floreciendo hermosamente en su respectivo espacio, un acento que no se entiende, recuerdos en tantos lugares distintos, antojos interminables por comidas de muchas cocinas, una historia adquirida en cada ciudad que me ha hecho crear la mía propia, una irrepetible; pero me ha traído también soledad a veces y sentirme muchas otras muy perdida y carente de identidad y propósito.

Y entonces me pregunto si este será el momento de estacionarme aunque sea por un rato y dejar que mis pies bajen a la tierra y se me asienten las ideas, usar las monedas de oro que he ganado con lo que he vivido y en un solo lugar construir con un ladrillo de sueños encima del otro, una casa para mí y para los invitados a los que yo quiera tener en ella.

Y en ese instante pienso en lo que me espera del otro lado, en la delicia de sentirme local en un lugar extraño, el aprendizaje, los descubrimientos, los nuevos colores en el cielo, la gente, que de eso se tratan principalmente mis viajes, de conocer a otros y de conocerme a mí y se me llena la boca de indecisión y un poco el tesón de tristeza por no ser omnipotente y omnipresente y poder tenerlo todo, todo al mismo tiempo.

Es hora de tomar decisiones, de elegir hacia qué lado y ponerme andar y susurrarle al tejedor historias lo que quiero para mí, lo que me gustaría que me pasara, mandarle mi lista de deseos y empezar a trabajar por ellos.

Es hora de elegir y ser responsable de las consecuencias de mis elecciones y aunque el plan cambie a la mitad o algo suceda y al final no suceda nada, tener la certeza de que fui yo quien así lo quiso conscientemente, de saber que fue mía la mano que escribió este libro.

Derecha o izquierda, derecha o izquierda. Derecha o izquierda

Clo

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