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Así se siente la primera vez.

La primera vez que maneje mi bicicleta sin rueditas. La primera vez que unos labios se posaron en los míos. La primera vez que terminé una carrera de 10 km. La primera vez que me paré de cabeza sin pared. La primera vez que comí crema de cacahuate. La primera vez que me emborraché con tequila. La primera vez que sufrí las consecuencias de emborracharme con tequila. La primera vez que mi corazón terminó hecho polvo. La primera vez que conocí la magnitud de mi fuerza. La primera vez que una barba rasposa erizó completa mi espalda. La primera vez que amé a un cachorro. La primera vez que un brownie me mató de risa. La primera vez que nadé con una tortuga en mar abierto. La primera vez que pasé un cumpleaños fuera de casa. La primera vez que saqué estrellas de mar con los pies. La primera vez que supe que las lagrimas si se acaban. La primera vez que me supe segura y amada. La primera vez que me aventé al vacío. La primera vez que fui tía. La primera vez que a mi piel le puse tinta. La primera vez que toqué la nieve.
Con los ojos bien abiertos no puedo creer la belleza que me envuelve, las montañas, los altísimos pinos, los tonos azules en el cielo, el frío que travieso cubre mi nariz y la cambia de color.
Las mariposas y luciérnagas que viven en mi estomago están vueltas locas, incrédulas e hiperactivas. Tocar la nieve, ¿qué se sentirá? Me agacho con el disimulo de una mujer adulta que no quiere notarse ansiosa. Meto una mano en ella y siento la fría suavidad en la que se pierde e inmediatamente meto la otra, quiero helarme toda. No puedo creer la suerte que tengo y se me llena el alma de sorpresa y emoción y ahora se que nunca dejé de tener cinco años y cada detalle que me rodea es un nuevo descubrimiento, el mundo se me hace grande y maravilloso y sorprendente y bueno.

Caminamos por algunas horas montaña arriba con el corazón tan acelerado por lo que estoy viviendo que solo puedo pensar que estoy en uno de los días más lindos de mi historia. No me lo quiero perder. Es abrumadora tanta felicidad y sobre todo poder vivirla con tanta calma, sin dudas, sin drama.

Me olvido de etiquetas y patrones de comportamiento y sin mas, me rindo ante la bola de emociones que siento en el pecho y me aviento de un plomazo a la algodónica alfombra blanca del piso, que amortigua mi caída y me recibe contenta porque al fin nos conocemos. Me hundo en ella, la abrazo y la apachurro, la aviento, me la pongo en la cara, me quito por un segundo los zapatos y corro sobre ella.

Me nievo.

La hago bolita en mis manos y me saboreo su textura y entonces decido comérmela. La soplo y veo su transformación con los rayos del sol.

Tras varios kilómetros llegamos al lago que ya está congelado y en mis pasos oigo el crujir del hielo cuando algunos pedazos se rompen. Nunca había escuchado al hielo crujir, nunca había caminado sobre un lago congelado, nunca había visto pinos tan altos, nunca había visto un alce en su hábitat, nunca había lanzado bolas de nieve, nunca había visto al poderoso viento levantarla como si fuera polvo en el aire e ir dibujando a su paso hermosas formas con destellos cristalinos. La dicha me llena los poros y el agradecimiento no me alcanza, ver la nieve es muy lindo pero poder apreciar todas estas primeras veces y sorprenderme y emocionarme por toda la belleza que me rodea y saber lo afortunada que soy va más allá de lo increíble.

Nieve con luz, nieve en la sombra, junto a los árboles y dentro de los huecos troncos, en mi boca, en las patas de los perros que se aparecen en algunas brechas, en las montañas, hecha hielo. Nieve traslúcida, blanca, limpísima nieve. ¿Como será verla caer desde el cielo y sentir los pequeños chispazos de frío en la piel o el cabello? No lo se y por hoy no podré averiguarlo, algún día me tocará ver nevar pero decido quedarme en este segundo aquí y ahora en donde todo es perfecto. En la calma de mi cabeza, en los planes que cambian y se asientan, en una vida que entiendo maravillosa y finalmente plena y mía completamente mía en donde puede suceder lo que yo quiera.

Me lanzan una bola que se estrella contra mi pecho y devuelvo divertida el golpe.
El grupo se separa en dos y yo camino con el dueño de una mirada que con dulzura sigue mis movimientos y se alegra por ser testigo de esta ola de primeras veces que soy hoy. Intenta calentar mis manos que sienten ya el aguijón traicionero del frío clavarse en las puntitas y dejarlas casi inmóviles y andamos cuesta abajo.

Me descubro en un universo de primeras veces. Poniendo especial cuidado en las sensaciones, en los sonidos, en los colores, en los sabores, en lo que me sucede diariamente y la rutina me hace pasar desapercibido.

Mirando todo con ojos de la primera vez. Como si fuera nuevo, como si no tuviera miedo, como si nunca hubiera sido herida. Siendo habitante de un mundo que puede ser retador a veces pero también muy muy muy hermoso.

Clo

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