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Es hora de quemar mis barcos

Cuenta la historia que en tiempos de la conquista tras lunas de vivir de este lado del charco los tripulantes que lo acompañaron le preguntaban constantemente a Cortés ¿Cuándo volverían a casa? Y la decisión que él tomó para hacerles entender que ésta era su casa, fue quemar los barcos, eliminando así la posibilidad de regresar algún día. Hay muchas historias que hablan de los orígenes de la frase quemar los barcos o quemas las naves, pero todas ellas se enfocan a eso, eliminar posibilidades, hacer las paces con lo que se elige, sea lo que sea y no atormentarse con el hubiera.

Hace poco escribí una entrada que hablaba de la confusión que me producía elegir derecha o izquierda en la intersección en la que estoy, viajar o sentar cabeza por un rato.

He pensado siempre que quiero recorrer mucho mundo mientras tengo ganas y que mejor momento para hacerlo que ahorita, que soy joven, soltera, tengo un negocio en miras de crecimiento pero nadie se muere si deja de operar, no tengo grandes responsabilidades ni grandes obligaciones y sobre todo además de mi familia que sobra decir apoyan mis aventuras, no tengo nada que me detenga, carezco de razones para quedarme. Sin embargo a pesar de lo idílico que suena este escenario en donde hago mi versión personal del atlas mundial decido de manera consciente estacionarme, intentar por todos los medios echar raíces sin desplumarme las alas.

Y llega el momento de quemar mis barcos, vivir mi vida como lo quiero sin pensar que alguna vez hubo otra opción.

Existió la prima de una amiga que tuvo un amor platónico por años y años hasta que se convirtió en real, este hombre le erizaba cada uno de los poros de la piel con saberlo cerca, en algún momento tuvieron una relación efímera e intensa, muy bonita pero llena de confusión y carente de dirección, ella estaba segura de la conexión tan fuerte que existía, pero él nunca le daba claridad, llegó un punto en donde ella se dio cuenta de que todo iba a ser siempre así y que no iba a tener en esa relación la estabilidad que quería y encontraría en cambio confusión, adivinanzas etc, y llegó la hora de dejarlo ir , ¿encontraría en la vida un hombre que la llenara en tantos sentidos? Nadie lo sabe, pero este era el momento de apartarse sin voltear.

Mi hermano, tuvo varias ofertas de trabajo, escoger por cual inclinarse le produjo muchísima presión, un día pensaba en una cosa y el otro día en otra, intentado descifrar el futuro y que elección podría traerle los mayores beneficios y las menores pérdidas. Eligió y al final también tuvo que quemar sus barcos y dejar de pensar de manera permanente en las posibilidades que le traían los otros empleos que no tomó.

La vecina del primo de la hermana de mi sastre estaba casada con un hombre al que conocía mejor que a su propio ombligo, tuvieron hijos juntos y muchas mañanas se despertó pensando en lo infeliz y vacía que se sentía, en la poca compañía que percibía estando con el, en lo lejos que crecieron uno del otro y en la promesa que se hicieron de quererse siempre. Con dolor en el alma decidió pedir el divorcio y empezar con este tsunami de emociones que trae consigo algo así para toda una familia y la gente que la rodea. Después de exponerle que no era feliz y ya no quería estar casada con él, no pudo dormir muchas noches pensando que había sido impulsiva y egoísta, preguntándose si alguna vez se arrepentiría, pero en su corazón sabía que eso era lo que necesitaba  (uno siempre sabe) y tuvo que quemar sus barcos y eliminar de su cabeza y corazón la idea de que seguir junto a ese hombre era una opción.

La prima de mi tatarabuelo, odiaba su trabajo, pero la daba estabilidad económica, cierto estatus y tranquilidad, también le daba un estrés intenso y la depresión que viene cuando trabajas en una causa que va en contra de tus valores, después de muchos análisis y una ligera pérdida de juventud, con todo el valor decide renunciar y llega también el momento de quemar sus barcos y nunca pensar, si me hubiera quedado, no debí renunciar, etc.

Así sucede todos los días, cada fracción de segundo se compone de toma de decisiones grandes y pequeñas, ¿me levanto 5 minutos mas tarde?, ¿Medito?, ¿voy al gimnasio? ¿Renuncio? ¿Le escribo? ¿Invierto en este negocio? ¿Le ofrezco de desayunar antes del trabajo? ¿Tomo agua? ¿Le doy paso al que me viene aventando el carro?  ¿Qué contesto? ¿Le digo lo que siento? ¿Le pregunto a donde va esto? ¿Me arriesgo? ¿Le doy el divorcio? ¿Compro la casa? ¿Cómo postre? ¿Lo dejo ir?

Todos los días.

Y siempre optar por un camino significa que nos privamos de caminar por otro y eso está bien, que linda una vida que nos da posibilidades, que nos deja elegir nuestro destino, que nos da la oportunidad de tomar las riendas y adoptar lo que de verdad queremos, pero entonces las inseguridades, el miedo y la inmadurez nos trae el hubiera.

El hubiera que no existe, que no existió y que tanto daño hace.

El hubiera que dejamos entrar por la puerta trasera y se apodera toda nuestra casa, el hubiera que no nos deja vivir en tiempo presente, que no nos deja aprender, el hubiera que nos traiciona y nos hace sentirnos como nuestro peor enemigo.

¿Quién nos hace arrepentirnos de nuestras decisiones? Nosotros mismos.

En el primer error, cuando el pánico entra, nos encargamos como nuestros propios verdugos, los peores que existen, de hacernos sufrir por pensar que tomamos una mala decisión, como si eso existiera. En mi opinión no hay tal cosa. Lo que escogemos es porque en su momento creímos que era lo mejor y si le damos tiempo al tiempo las consecuencias siempre tienen un propósito. ¿Dolió? ¿No salió como querías? Toma el aprendizaje. ¿Te encantó? ¿No podrías ser más feliz? Disfrútalo. No hay decisiones buenas y malas, son solo decisiones.

Llegó la hora de quemar los barcos, de dar el brinco y pensar eso es lo que yo elegí y que estoy dispuesta a vivir con las consecuencias que me traiga. De entender que lo que me sucede y lo que hago que me suceda es así y no podría ser diferente. Quemar los barcos y quemar con el los arrepentimientos, los hubiera, la idea de que de la otra manera todo pudo ser mejor.

Quemar los barcos y encaminarme hacia el frente sin usar espejos retrovisores, porque estos siempre están distorsionados.

Es hora de quemar mis barcos.

Clo

casa de piedra con barcos

*Foto: Playa Ventura, Guerrero, México.

6 thoughts on “Es hora de quemar mis barcos

  1. Hola Ana, me encantó este escrito con el titulo “es hora de quemar los barcos”, es una historia que encaja conmigo y si hay momentos, instantes que ese sentimiento llamado miedo me invade un poco y además creo q es humano ha, pero al final del día y como lo dices quemamos nuestros barcos y el punto es y bien dicho, no pensar en el fantasma del hubiera.

    Espero verte pronto!

    Se le extraña!

    1. Hola Isra, hay que mandar al hubiera a volar, nada mas irreal que lo que no existió y creamos en nuestra mente solo para sabotearnos. Para ser felices hay que empezar a liberarnos de nuestra propia basura y el hubiera es una de las que mas contamina. Un abrazo grande y ojalá nos toque vernos pronto.

  2. He encontrado en este escrito una ayuda muy escencial para este momebto de mi vida, siempre he tenido miedo a la toma de decisiones y no por que no sepa tomarlas sino porque siempre deje que el hubiera se apoderara de mi, hoy decido no dejar pasar mas al hubiera, hoy decido que voy a quemar mis barcos. Felicidades Ana es un excelente articulo.

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