El Blog

If I can make it there I’m gonna make it anywhere.

Fui a Oaxaca y ya estaba cansada, después de las vacaciones de diciembre había dormido poco por las fiestas y por la necesidad de aprovechar el tiempo con mi familia que por fin se completaba después de un año, durante el viaje mi relación una de mis amigas mas amadas cambió. Al regresar estuve con mi empresa (que es aun chiquita), en una feria como expositora y a la siguiente semana en otra, fueron días pesadísimos y algunas veces el exceso de trabajo me hizo ponerme a chillar. Los excesos me invadieron en muchos sentidos y percibía algo desbalanceada la brújula. Inmediatamente después vine con mi familia a Nueva York, viajamos un poco y posterior a eso me quedé a asuntos de mi negocio por varios días con jornadas larguísimas. Hice arreglos para ver a una amiga mexicana para tomar un café, la ultima vez que nos vimos fue cuando ambas trabajábamos en la misma empresa y ella era soltera y habitaba en México. Ahora es casada y vive la maravillosa vida neoyorquina. Tuve un día eterno, había dormido poco y sentía la espalda destrozada y una colitis espantosa pero antes de verla fui al museo como autopremio por tanta chamba. Salí enamorada de tanta expresión artística pero hasta con las uñas agotadas. Los guardias empiezan a sacarnos de las salas de exhibición, el museo estaba por cerrar. Pensando en Andy Warhol, imaginando su blonda cabellera, me quedé dormida en el sillón del vestíbulo hasta que el movimiento de alguien mas me despertó. Me paro sin pena alguna con los músculos hechos bolas , enojada por sentirme agotada, enojada por tener ganas de estacionarme un rato y seguir sin lograrlo, enojada por tener que hacer maleta, enojada porque seguro pagaré exceso de equipaje y enojada por estar enojada. Voy caminando por la calle y compro un falafel, cuando me como la ultima parte me doy cuenta de que la salsa del finísimo manjar acaba de caer en mi bolsa favorita (la bolsa de Indiana jones que me regaló mi mamá) y en las botas nuevas que estreno hoy y que tienen a mi pie derecho rogando por clemencia. Me limpio y sigo caminando, ya voy tarde, me duele todo y mi bolsa y hermosas botas están arruinadas. Me subo al metro, hay un homeless que desprende un horror terrible y la señora de la derecha empieza a quejarse, no quiero quejarme, ¡pobre hombre!. Mejor le pregunto cómo sacar la mancha de grasa y me doy cuenta de que mi abrigo también nuevo, está igualmente manchado y arruinado. Ha sido un mes inmensamente cansado.
Muchas cosas alteraron el hermoso estado zen que ya daba por sentado.

Llego con Laura y empezamos a hablar con la naturalidad de las amigas que se encuentran cada semana, platicamos de aquí y de allá, de nosotras, de todo, la observo admirada por sus logros, la escucho conmovida por su sencillez. Compartimos proyectos, nos echamos porras y nos enseñamos una a la otra las medallas y los recuerdos de algunas batallas. Somos afortunadas. Me recuerda tantas cosas que tenía olvidadas, claves sencillas que me susurran lo suertuda se soy. La oigo, agradecida, poniendo atención a cada palabra, estoy motivada, sintiendo a mi fuerza interna dándome un masajito en la espalda, quitarme las botas y tirarlas a la basura y sobarme el dedito gordo del pie. Nos decimos mucho en un intervalo brevísimo de tiempo. Me inspira. Gracias Laura. Nos abrazamos sabiendo que la próxima vez que nos veamos no tiene fecha y nos despedimos deseándonos tantas cosas lindas que casi se sienten en el aire con olor a café que nos rodea. Me paro en la esquina de alguna calle de Chelsea, veo la vida suceder alrededor y a la gente que disfruta y la aprovecha, recibo el viento helado en la cara. La vida no se para ni en Nueva York ni en México ni en Suiza ni en Jamaica ni en Laos. No se detiene y los malos días y los meses raros suceden en la realidad de todos, pero con suerte puede bastar un segundo para pararse en la esquina de alguna calle hermosa, iluminada y ver todas las maravillas que nos rodean, encontrar razones para nuestro cansancio, encontrar aprendizaje en nuestras dolencias, hacer de nuestros conocidos nuestros amigos y de ellos aprender lecciones nuevas o refrescar algunas otras. Basta un instante para mirar las cosas desde otra perspectiva y convertir el día más difícil en un día en el que te sientes agradecido por lo bueno y lo complicado. También en Nueva York se puede tener horas complejas pero también aquí uno decide que tanto duran.

Clo

*NY, 2015.

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