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Lo negro en mi arcoíris.

Hablemos de lo real. De los días en los que no encontramos las ganas para despertarnos. De cuando nos sentimos solos. De cuando nos sentimos feos. Hablemos de cuando no amanecemos con ganas de comernos al mundo. O de cuando de tanto intentar comérnoslo hemos perdido los dientes
De cuando confiar se vuelve una carrera de obstáculos. De cuando odiamos nuestro trabajo y nos sentimos tan atrapados que nos rendimos. De cuando vemos a nuestros padres hacerse viejos y débiles y la desolación e impotencia nos invaden. De cuando descubrimos que la vida no es justa y el karma a veces parece ser selectivo. De cuando somos inseguros porque no sabemos cómo querernos, porque nadie nos enseñó y eso nos lleva a sentir celos, envidia y lastimar nuestras relaciones.
De cuando todo mundo parece saber lo que persigue menos yo. De cuando no encuentro mi propósito en la vida. De los momentos en los que no me siento valorado y siento que no sirvo de nada. De cuando me traiciono para ser aceptado por los demás. De cuando hiero a otros y me arrepiento y de cuando lo disfruto. De cuando el miedo me alcanza y no me deja vivir la vida que quisiera. De cuando detesto a mi pareja porque sé que más que admirarla me conformé. De cuando siento tanto resentimiento que mi lengua lastima al que se ponga enfrente para poder sacar el veneno. De cuando pequeños rayos de honestidad se asoman y me doy cuenta de que lo que creía amor es en realidad comodidad y rutina. De cuando odio a la vida por no tener lo que siempre creí que tendría. De cuando el rencor se reaviva hacía quien creí ya haber perdonado. De cuando pienso que mis hijos son un estorbo y no se lo digo a nadie. De cuando quisiera la vida de alguien mas. De cuando deseo por segundos no estar mas, no existir mas, no sentir mas.
De la vida real, de lo que nos sucede todos los días y que nos avergüenza. De la realidad que no llega a las novelas románticas, que no se publica en las redes sociales, que a veces ni se comparte con los amigos mas cercanos, porque nos apena.
Vivimos en un mundo que se aferra a lo que nos trae placer, lo buscamos con vehemencia y eludimos y satanizamos todos aquello que nos causa dolor y crecemos con una aberración tan grande a estas emociones que creyendo que nos deshacemos de ellas las alimentamos con miedo, soledad y timidez hasta que crecen de tal manera que nos hacen explotar, con enfermedades, estrés y en algunas personas con el suicidio.

Nos aislamos tanto de nuestra esencia, y de la de los demás que cuando tenemos este tipo de emociones, las escondemos porque las creemos indignas, porque “no debería sentirme así” , porque “tengo todo para ser feliz” porque nos sentimos juzgados y llega el momento en el que no lo compartimos sabiendo de memoria el discurso cómodo de quien nos escucha… porque van a decir que estoy loco, porque no es normal sentirme así, por queque imagina va a decir de mi si le cuento, porque no buscamos compasión y lástima, buscamos entendimiento, saber que no estamos solos, que tenemos derecho a sentirnos así, a veces simplemente sacarlo de nuestro pecho sin ser juzgados y sermoneados. Y porque tal vez en el futuro entienda que todo sucede por una razón, pero hoy, en este momento esa razón me vale un carajo y quiero que esto se termine.
Lo he repetido constantemente en mi blog, lo que no entendemos a veces es que mas que diferencias tenemos similitudes, nos encanta pensar que somos únicos y especiales, y lo somos pero en cuanto a sentir y a enfrentar el mundo somos casi seres clonados. Pero nunca hablamos de eso.

Qué pasaría si te digo que esas tormentas inacabables, el odio, la tristeza, la envidia, el desespero son solo emociones, son normales, son humanas y a todos nos pasan.
Qué pasaría si entendiéramos que en la vida hemos de experimentar de manera obligatoria TODOS los sentimientos los que traen placer, pero también los que traen dolor.
Y si nos permitiéramos sincerarnos con nosotros y con otros y descubriéramos que lo que creemos que nos convierte en dementes y alienígenas, nos pasa a la mayoría,.
En que cambiaría nuestra jornada si dejáramos de pensar en términos de malo y bueno, de correcto o incorrecto y entendiéramos que no es necesario ponerle etiqueta a todo que algunas cosas son y ya.
Y si un día viéramos la descripción de “normalidad” y dijera: todo lo que piensas, todo lo que sientes.
Y si nos tomáramos todo menos en serio y entendiéramos que ninguno de nuestros estados emocionales o mentales van a durar para siempre.
Y si te digo que no eres el único y habláramos abiertamente de lo que en realidad sentimos y estuviéramos dispuestos a escuchar lo mismo de los demás sin juzgar ni escandalizarnos ni hacer sentir a cualquiera que es honesto como un verdadero loco.
Si no intentáramos todo el tiempo entrar en un patrón que no sé quién diablos escribió y que para ser honestos es imposible embonar sin tener que rebanarse un cacho.
Y si comprendiéramos que si no nos conocemos y aceptamos jamás podemos esperar que nos conozcan y acepten los demás.
Y si abrazáramos todas las personalidades que viven dentro y que muy pocas veces nos atrevemos a sacar a pasear y en lugar de enterrarlas dedicáramos ese tiempo a reconocerlas y a aprender a convivir con ellas. Cómo sería nuestra realidad si nos viéramos como seres con el derecho de sentir lo que sea que sintamos sin recriminarnos tan duramente por eso.
En mi opinión las penas, las tristeza, angustia y desolación y todo eso de lo que huimos sería mucho más llevadero y breve.
No estamos enfermos, ni locos, no somos malos, ni estúpidos, somos seres humanos, sentimos y pensamos pero nos enseñaron que estas emociones son indignas y vergonzosas. Todos somos una mezcla de muchos “ángeles y demonios” viviendo dentro de nosotros, es natural, pero hay que aprender a reconocerlos para poder manejarlos y no nos manejen ellos a nosotros.
Aceptación por la manera en la que me siento hoy, entendiendo que puedo o no tener razón para hacerlo, pero así es como me siento y dándome cuenta que no soy un monstruo ni un idiota, ni un looser, soy una persona, de carne y hueso, con errores, que se siente feliz y triste y es positiva y también negativa y todo eso está bien.
Para querernos hay que aceptarnos, para aceptarnos hay que conocernos, para conocernos hay que observarnos sin juzgarnos.
No creo en la hipocresía disfrazada de positivismo que lo único que tiene detrás es flojera o incomodidad por lidiar con situaciones que son completamente naturales y creo que hay una diferencia muy grande entre tener una buena actitud y fingir que nada pasa para entrar en la fila de lo que es “normal y correcto y bueno”.
No podemos ser siempre felices, no podemos ver solo el vaso medio lleno, porque a veces ni a vaso llegamos, es cierto ¡qué horror andar por la vida creyéndonos las victimas de nuestra novela!, pero qué horror también aferrarse a que todo tenga que ser rosa y feliz y perfumado y lindo cuando la verdad, a veces no lo es.
El mundo es un lugar excepcionalmente lindo y lleno de milagros, pero también puede ser un sitio complicado, hay mucho sufrimiento e injusticias, todos los días pasan en nuestras vidas o en vidas paralelas circunstancias que nos llevan a querer claudicar a mitad de la jugada, se mueren a quienes más amamos, odiamos nuestros trabajos, vivimos una vida que no nos satisface, tenemos hijos que a veces nos frenan, nos despertamos al lado de quien pareciera un extraño, nos sentimos ahogados y con las alas cortadas, nuestro corazón se rompe tantas veces que pierde su forma, no nos gusta lo que vemos en el espejo, no entendemos nuestro propósito en la vida, nos creemos solos, nos percibimos inadecuados y nada merecedores de ser amados. Pero en mi experiencia evadir estas emociones pensando que así se van más rápido, hace que se quedan más tiempo.

Y aunque Newton haya dicho otra cosa, yo creo que todos los arcoíris tienen colores negros y grises y matices y manchitas escondidos por ahí, pero por alguna razón éstas “imperfecciones” nos ponen incómodos y preferimos no hablar de eso.

Todos los arcoíris con los colores, tamaños y duraciones que tengan son una manifestación de la luz, son increíblemente hermosos y perfectamente normales.

Clo.

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2 thoughts on “Lo negro en mi arcoíris.

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