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Australia

Australia siempre estuvo en mis planes, incluso era una de mis principales opciones al momento de elegir el intercambio, pero por alguna razón lo fui postergando. Dicen que todo ocurre en el tiempo que debe y así lo creo. Emprendo la jornada y tengo subrayados en mis guías de viajes los lugares que quiero visitar en el país, sin mis guías  no salgo de casa, tienen toda la información de opciones de hospedaje, lugares turísticos, transporte, lugares para comer, recomendaciones y hasta números de emergencia, elementos básicos para cualquier viajero, aprendí a la mala lo útiles que son y lo más fácil que pueden hacerte la vida de trotamundos.

Llego a Australia después de varios vuelos larguísimos y al sumergirme en Sídney la elijo como una de mis diez ciudades favoritas en el mundo, me encanta el orden, la limpieza, pero al mismo tiempo lo relajado del ambiente. Tiene un centro financiero y las playas a solo diez minutos, veo aquí que es posible tener balance, trabajar y además tener una vida y ser saludable y feliz. Sídney creo que es eso para mí y al igual que en las demás ciudades que vi de Australia por todos lados hay gente corriendo A TODAS HORAS, trayendo sus propias bolsas a los supermercados para no contaminar, usando la bicicleta, hay enemil opciones de comida saludable, el servicio de trasporte es caro pero exageradamente eficiente, una ciudad de primer mundo, como en la que me gustaría vivir algún día. Me siento embobada a ver la casa de la ópera y el puente hasta que cae la noche, las luces y los colores que se pintan en el cielo hacen de esa escena una de esas que uno piensa que ha de recordar para siempre. La gente es amable, servicial y es pleno verano por lo que los festivales de comida y música en la calle no se dejan esperar. El país está compuesto de inmigrantes que se autoimpusieron sobre los habitantes originales del lugar; que en este caso son los aborígenes, quienes tristemente al igual que en Nueva Zelanda o en mi país parecieran ser los intrusos de su propia tierra y también la clase menos favorecida.

Mi recorrido en Australia es insuficiente, harían falta meses y meses para poder visitar una parte más significativa y es justo lo que hacen viajeros de muchas partes del mundo que utilizan la Working Holiday Visa para trabajar y viajar al mismo tiempo, como mexicanos no tenemos acceso a esa visa pero me encanta ver en cada destino al que voy, alemanes, ingleses, argentinos, suecos y personas de muchas nacionalidades, todos jóvenes tan enamorados del país que exprimen su visa hasta el último día. Creo firmemente que si la gente viajara más, habría menos odios, es muy difícil odiar algo que conoces y en donde vives experiencias tan increíbles como estas.

Mi segunda parada en el país de los canguros es Byron Bay, llego cansada después de todo el día de transportarme al regreso del sur de Nueva Zelanda, elijo este destino por los muchos elogios que tuvo mi hermano para describirlo cuando hace algunos años recorrió en una van por meses una parte Aussieland y me recomendó mucho el hostal al que estoy por llegar. Arribo en la madrugada con las manos adoloridas por una artritis imaginaria y la espalda molida por el kayak del día anterior. Camino a mitad de la madrugada hasta The arts Factory, mi hospedaje por esta noche, el transporte que se supone me recogería jamás llegó y confirmo que caminar quince minutos con veinte kilos de peso de equipaje encima, es una eternidad, es mi parte menos favorita de todo esto. Quiero una cama con desesperación, el calor pegajoso que se mete entre mis jeans y mi piel no ayuda y siento todos los años caerme encima, no importa cuántos son se sienten como demasiados por hoy.

El hostal está metido en lo que parece una jungla, me recibe un chico que busca mi reservación, yo me distraigo mirando a una mujer que a las 2 de la mañana alimenta a una cacatúa blanca, las dos posadas en un sillón. Al lado de ella otros chicos más fuman algo que los mantiene muy divertidos y metros más adelante otro grupo más haciendo malabares. Me siento atrapada en alguna película alternativa y recuerdo mi viaje por India en donde en algún tiempo intenté aprender alguna de estas artes y fracasé.

Llegamos al dormitorio y yo aún con mis mochilas a cuestas, el chico fallidamente intenta abrir la puerta y entre los movimientos torpes con los que sacude la puerta sale a nuestro encuentro una víbora, bebé, pero una condenada víbora en Australia, el pánico me invade evidentemente. ¡Una víbora Australiana! y es que hay que vivir muy escondidos del mundo para no saber que las víboras, arañas y tiburones cobran muchísimas vidas al año aquí. Si hay una víbora bebé hay una mamá y hermanitos víboras – pienso-  y le pido al chico (un francés muy guapo por cierto) de la manera más amable que mis nervios y mi cansancio lo permiten que me cambie a otro lugar con menos vida silvestre, cabe mencionar que la víbora bebé mide aproximadamente metro y medio y que tengo un especial miedo por esos animales (o por cualquier otro animal ya que somos honestos).

Atravesamos de nuevo la recepción, ya son las tres de la mañana y la chica sigue ahí alimentando pacientemente a la cacatúa. Ya en mi habitación el sueño me pierde pero despierto con la decisión de cambiarme de hostal. The Art´s Factory es un sitio lindo e interesante, aun así la limpieza en el baño me dice que ya no estoy para estas cosas y la víbora de la noche anterior vuelve el cambio algo irrevocable. Me retiro y me despido de la misma mujer que sigue alimentando a su cacatúa en el mismo lugar.

Camino por el pueblo y encuentro gente haciendo yoga a todas horas del día, personas que según me entero vinieron por un par de días y llevan siete meses viviendo aquí, viajeros y eternos viajeros. Byron Bay es un pueblo surfero con vibra de amor y paz y una necesidad de entera relajación tatuada en su arena, me gustaría venir aquí con más tiempo para gozar placenteramente de su tan amigable atmósfera. Me despido de estos días viendo el atardecer desde la playa pero la tarde se la llevan unos juguetones delfines que se acercan a la orilla.

Me voy a Gold Coast y ahí me encuentro con mi prima. Disfrutamos de la ciudad tiradas frente al mar, viendo a los surfistas atacar las olas, a otros subidos a sus tablas, pasamos el tiempo con los rayos del sol en nuestra piel, platicamos, caminamos un poco, pero principalmente nos tiramos al sol y chismeamos de la vida compartiendo secretos familiares, riéndonos y guardando para nuestra historia nuevos recuerdos. Qué necesario resulta hacer esto de vez en vez, reafianzar tus relaciones y viajar con la gente que quieres y no sólo con tu pareja. Gracias gordita por tener una caja de secretos tan amplia y linda para las dos y por ser mi mitad más bonita.

Al norte la última parada del viaje es Cairns, venimos aquí con la meta de ver la gran barrera de Coral. Siempre me pregunté cuando era niña de donde sacaban la inspiración para hacer cosas tan bonitas en Disney, para dibujar esos escenarios espectaculares en sus diferentes películas, la sirenita siempre fue mi favorita y las escenas que aparecían mientras Sebastián cantaba “bajo del mar” se me quedaron grabadas.

Después de mucho discutir e investigar acerca de la mejor opción para hacer buceo, llegamos nerviosas al encuentro, yo he buceado sólo una vez antes en Colombia y debo mencionar que no lo hice tan bien. Yo no sabía que el buceo era algo que debiera dar miedo, pero como tantas cosas en la vida, uno no tiene bloqueos mentales hasta que permite que alguien más se los ponga y por tantas historias alrededor estuve nerviosa desde el inicio del día, adicional a eso no dejaba de pensar en esa película en donde una pareja es olvidada en mar abierto y son comidos por los tiburones después de horas de un sufrimiento terrible. Nosotras en nuestro pánico nos aseguramos de que nuestra familia supiera exactamente dónde estamos y de que empezaran a buscarnos si después de determinadas horas no nos comunicábamos, a esos niveles llegaba la paranoia.

La gran barrera de coral -nos dicen- es el organismo vivo más grande del planeta y además se puede ver desde el espacio, así de inmensa es. Llega nuestro turno, ya con wet suit y todo el equipo que incluye un tanque de oxígeno que checamos de manera constante cuando lo están colocando para asegurarnos que está lleno, nos metemos. Nos enseñan las señales básicas que yo recuerdo de aquella vez en Santa Marta y torpemente las realizamos, la que más hacemos ella y yo, es esa señal mexicana de abrir y cerrar los dedos para indicar que se tiene miedo jajaja.

Ya estando abajo, aun con un pánico terrible, empiezo a descubrir los colores y los peces que nos rodean, rosas, verdes, azules, rojos, amarillos en todas sus tonalidades, peces que ni en el cine o ilustraciones había visto y otros que identifico por alguna película y pienso en Nemo, aquí llega mi respuesta, ahora sé de dónde nace la inspiración para recrear cosas tan preciosas y es que de verdad nada más lindo que la realidad.

Me olvido un poco del miedo y si, así se disfruta más rico todo en la vida, voy bajando y los corales me embelesan, veo la estrella de mar más grande y azul y maravillosa que honestamente ni me imaginé que pudieran existir y peces y peces de colores por todos lados, grandes, chicos, alargados, es de verdad increíble, me siento metida en un protector de pantalla de alguna computadora y mi voz cursi me dice lo afortunada de que soy de estar viviendo una experiencia así. Me dejo ir a la exploración, el descubrimiento y el goce de lo que ven mis ojos que deseo con toda el alma pudieran estar viendo mis papás, mis abuelas, mis amigos y toda la gente que me lee, la que comenta mi blog y lo comparte, que en tiempos tan bonitos como éste traigo invariablemente a mi pensamiento, como si estuvieran también viajando conmigo.

Estamos en lo que parecieran ser los suburbios del mar, accesible para los que no somos buzos certificados. No puedo ni imaginarme lo que se ha de ver más abajo, la cantidad de peces y vida y colores que deben existir; por hoy me lleno con lo que puedo ver y recuerdo aquellas tortugas que liberé hace unos meses y hace unos años y deseo en mi corazón que estén bien y grandes y nadando por ahí.

He tenido la oportunidad de viajar por algunos lugares, ahora puedo decir que por los cinco continentes y los que mas vívidamente se han quedado en mi recuerdo son sitios como este, completamente naturales, hechos por no sé qué fuerza maravillosa y creadora tan perfectamente que ningúna persona nunca podría hacer algo similar. Es la perfecta armonía y la idea de sentirme parte de un universo que hace todo con tal precisión  y tan a propósito que me siento muy especial. Qué fortuna la nuestra de tener peces y mares y corales y colores y todo esto que es tan hermoso que existe al mismo tiempo que nosotros y que en lugar de destruir deberíamos cuidar.

Me voy de Australia con ganas de más pero profundamente agradecida por seguir sorprendiéndome con cada rincón que tiene este planeta tan lindo en el que vivimos, por la gente y las experiencias y el crecimiento personal que viene con viajar. Como siempre me digo que ya después de esto voy calmarme y a volverme una mujer un poco más sedentaria y creo que esta vez sí va a ser verdad y la idea me llena también el corazón de felicidad.

 

Soy tan afortunada por ver al mundo desde una perspectiva tan diferente cada vez, por amar más sitios además de mi país, por sentirme parte de tantos lugares y saberme intensamente más que mexicana o costeña o mujer o escritora o feminista: HUMANA, habitante de un mundo que confirmo en cada viaje, en cada paso en cada día, es verdaderamente increíble.

Clo

 

 

2 thoughts on “Australia

  1. Un placer a leer sobre tu vida buenísima! Escribes muy linda como si yo fuera allí también. Estoy de acuerdo que los lugares en que me dan la sensación más especial, poderosa, y positiva son los lugares naturales. Donde conectamos mas con el universo. Great writing (and good chance to refresh my ailing Spanish ability). Que te vaya bien en todos tus experiencias!

    1. Me gustó mucho la forma en que lo escribiste… cuando conectamos con el universo… musto eso es lo que creo que esos lugares provocan, nos recuerdan de donde venimos y lo que somos. Un abrazo grande!

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