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¡A volar Lúlu!

Hace más de veinte años mi hermanito de las cejas negras me esperaba después de llegar del kínder en nuestra guarida hecha con cajas de la bodega; yo regresaba de la primaria con unos chicharrones, los preparaba con sal y limón y los compartíamos mientras jugábamos. Es un recuerdo hermoso que me ha acompañado al igual que el en las altas y bajas, en las vueltas, los retornos, las vías rápidas y los tránsitos lentos. Él de manera constante, a veces como la única certeza de la bola de cristal que predecía mi incierto futuro.

Hoy se fue de la casa, recién me entero que nos hicimos adultos y así es esto, lo llevamos con su cobija y su ropa y las ganas de comerse al mundo que no le cabían en el carro o las maletas.

Los últimos meses anunciaban en nuestra familia el final de una temporada importante, lo platicamos abiertamente y nos vivimos de manera intensa, tuvimos todas las comidas juntos que pudimos, todos los viernes con pijama viendo pelis que nos fueron posibles, todas las peleas tontas que hicieron falta y nos llenamos los unos de los otros con memorias felices y otras más aburridas justo como se compone la vida.

Lo dejamos en su nuevo y frío departamento y de reojo vi el cargador por el que siempre peleamos y no pude evitar pensar la cantidad de cosas tontas que voy a extrañar y es que es eso lo que echamos más de menos, la rutina, lo sutil, lo que sucede en nuestra cotidianidad y construye nuestro pequeño universo; la felicidad invisible.

Regresé con el corazón chiquitito, sorprendida  por la facilidad con la que las hojas abandonan a los árboles y la fuerza con la que ellos afrontan este proceso.  Hay inicios y finales en cada jornada y aunque puedan ser increíbles todos duelen. Duele el cambio y requiere un gran esfuerzo encontrarle la dulzura a empezar algo nuevo.

Hoy se fue él y me dejó la puerta abierta, me voy a ir tan pronto que no sé cómo estirar las horas. Me imagino que aquí o en algún lugar han de quedarse las memorias grabadas de aquel  instante en el que habitamos todos esta casa, en que los momentos dichosos se volvieron comunes y abundantes y entonces imperceptibles para cada uno. Es ahí donde creo que reside la belleza y al mismo tiempo la tristeza de la vida, en ser tan feliz y tan pleno tan constantemente que ni siquiera te das cuenta.

¿A donde se irán los segundos? ¿Será que la felicidad apresura al reloj?

Cambios, cambios y más cambios, es la falta de aceptación de la volatilidad de nuestra condición como partes del universo lo que nos trae sufrimiento, porque a pesar de que no existe una sola cosa que permanezca intacta, el miedo a lo desconocido nos ensombrece, nos aterra, nos hace extrañar y llenarnos como yo en este momento de melancolía.

Existirán eventos afortunados y otros menos afortunados, pero son minúsculas las cosas que podemos controlar, nuestra fuerza reside en dejar ir, en despedirnos cuando la hora llega y sobre todo encarar todo con la mejor actitud, con ilusión y con fe.

Hay que mirar lo que viene con los ojos limpios, ansiosos de vivir, con el alma fresca como si no conociéramos la pérdida, con la seguridad de que el universo, la vida, Dios, la madre tierra, el destino o nuestras decisiones han de llevarnos al mejor lugar posible y que todo lo que está delante de la pupila será siempre dichoso, una aventura maravillosa para ser escrita en el libro de nuestras vidas.

¡A volar Lúlu!

Con todo el orgullo, amor y agradecimiento a la vida por tenerte siempre conmigo.

Clo

*Foto, mi hermanito en Australia.

a volar lulu

2 thoughts on “¡A volar Lúlu!

  1. Leí tu post publicado en el face de tu hermano, me sentí completamente identificada, te go un hermano lejos éramos inseparables de niños… Ahora de adultos lo somos con todo y la distancia que nos separa. Será que las hermanas somos re cursis pero de verdad con tus palabras expresaste todo lo que siento por mi compañero de aventuras !

    1. Sorry por tardar tanto en repsonder, muchas gracias por leerme. Y no podríasntener mas razón, si nos ponemos listos y jugamos nuestras cartas bien, nuestros hermanos se convierten en amigos, cómplices pero sobre todo compañeros de vida. Un abrazo.

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