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Mi historia de violencia machista. 

Cuando tenía ocho años caminaba hacia la tienda de mis padres en mi pueblo y un hombre de unos treinta años se acercó a mí  y me dijo cosas asquerosas que yo no podía entender, corrí a decirle a mi papá lo que había sucedido y fuimos a perseguirlo. Dos cuadras después lo señalé y mi papá se le fue encima, con una rabia tan grande que se le salía por los puños. Ese fue mi primer encuentro con la violencia machista, algo simple comparado con lo que muchas niñas pasan.

Cuando tenía doce años caminaba por el centro de la Ciudad de México con “ropa apropiada” pantalones flojos, nada provocativo muy tapada y un hombre me dio una nalgada, sentí un coraje tan inmenso que quise defenderme y pegarle y el hombre respondió, mi hermano que tenía siete años me jaló para detenerme y solo por eso ese desgraciado no me golpeó.

Cuando tenía quince vivía en otro estado con mejores escuelas que el mío con mi hermana y una amiga, una noche, una vecina que asistía a nuestra iglesia empezó a tocar a la puerta como desesperada, su marido la golpeaba terriblemente, le dimos refugio por esa noche, su cara estaba sangrada y destrozada por los golpes, el marido pasó la noche entera afuera de nuestra casa gritando y la policía nunca llegó.

En las vacaciones de regreso a casa, nos íbamos en autobús y había asaltos y violaciones constantes y nos decían a mi hermana y a mí que siempre viajáramos con tenis para poder correr y que si nos iban a violar que mejor nos mataran, hasta la fecha sigo viajando con tenis.

Tengo amigas a las que sus novios han golpeado, primas que han sido casi asfixiadas por sus parejas.

Conocí a una prostituta que era prácticamente una niña que terminó en una bolsa de basura negra y nadie se inmutó ni hizo nada porque “se lo merecía” por el oficio al que se dedicaba.

He tenido que vestirme “apropiadamente” para “darme a respetar” he caminado con miedo en las calles, he estado asustada en el transporte público, estoy segura que cuando viajo sola lo hago con más miedo que un viajero del género masculino. Tengo primas que tienen la obligación de atender a su padre y hermano si su mamá está ausente. No he ido a lugares porque no tuve un hombre que me acompañara.Varias empleadas que ayudaban con las labores domésticas en mi casa han sido víctimas frecuentes de la violencia a manos de esposos y maridos y algunas hasta de hijos.

Pensé en todas estas cosas cuando mi papá me preguntaba de donde nace en mi el feminismo, él no entendía ni yo misma por qué, si crecí en un ambiente supuestamente “libre de machismo” siento estas causas tan cercanas a mi corazón.

Siempre creí que se trataba sólo de empatía, y contestaba con un “es violencia hacia otro ser vivo independientemente de si es mujer o no, claro que hago la causa mía” pero faltó un examen exhaustivo para darme cuenta de que yo también he vivido la violencia machista y durante muchos años creí que eso era lo normal.

Así que, esta es la razón por la que este domingo voy a salir a gritar cuanto sea necesario para hacerles sentir a tantas otras que no estamos solas, a exigirle al gobierno la creación de políticas públicas que nos protejan. A pedirle a la sociedad un análisis de conciencia individual que les permita ver la manera en que contribuyen a este ambiente tan tóxico. Y que nos permita a todos darnos cuenta de que el problema existe, de que nos están desapareciendo, de que a muchas las oprimen y maltratan, de que tantas otras viven en hogares en donde corren peligro. No es lo natural vivir así, la violencia no debe ser nunca normalizada.

Salgo a marchar para protegerme a mí y a mis hijas aún no nacidas, por qué mis sobrinas puedan caminar seguras en la calle, porque no haya más vecinas en mi puerta suplicando sangrantes un refugio, porque las bolsas de basura se usen sólo para la basura, porque podamos vestirnos como se nos antoje sin hacernos así responsables de nuestras violaciones.

Salgo a marchar porque estar tranquila, habitar un ambiente seguro y estar vivas no deberían ser privilegios sino nuestro estado natural.

Vivas nos merecemos, vivas nos queremos.

Hermana, compañera, compa, carnalita, camarada, nos vemos mañana domingo en las calles.

Y tú, ¿cómo has vivido la violencia machista?

Clo

3 thoughts on “Mi historia de violencia machista. 

  1. Me acuerdo perfecto de esa noche en la que llego la vecina golpeada a la casa, pero sabes que fue lo mas triste? Que al otro día el obispo nos dijo que no nos involucraramos, que ese era problema de ella y su marido, que ella lo permitía y bla bla bla, en fin.

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