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Caminito de la escuela

Es tan agudo e imperdonable el paso del tiempo que hoy mis redes sociales están llenas de imágenes de los hijos de muchos amigos en su primer día de clases; ¡Qué increíblemente rápido avanza el reloj!, ya no somos los alumnos, pero los papás o tíos de los alumnos que van a ocupar mesitas, pupitres, mesabancos y butacas en este ciclo.

No sé en que momento sucedió pero ahora nos convertimos en los adultos, en los encargados de ayudar a darles dirección y preparar a todos estos niños que hoy empiezan el caminito de la escuela. ¿Asusta no? Uno apenas puede con su vida y ahora súmale a eso tener que ser ejemplo o líder de la manada ¡Miedo!

Pero tenemos buenas noticias, hay mucha más información que antes, los sistemas de crianza han cambiado, algunos estereotipos se han ido cayendo, incluso la alimentación que hoy se considera correcta para los niños diverge mucho de las leche con chocolate que nos daban a nosotros, técnicamente deberíamos estar mejor preparados para regarla menos.

Tenemos más herramientas que nuestros papás y abuelos para ayudarles a tener un desarrollo integral. Y es ahí justo en donde se asoma una aurora boreal en estos días que a veces se ven tan obscuros, en la oportunidad que tenemos de influir (ojo, sólo influir, que la belleza ellos ya la traen) en la vida de los pequeños y hacer verdaderos seres humanos, corregidos y aumentados siendo no sólo la mejor versión de ellos mismos, sino de TODOS LOS QUE ESTAMOS DETRÁS.

Si, en la escuela creces, te formas, aprendes, te llenas de ideas, empiezas a definirte, entiendes al mundo y generas los primeros juicios de cómo te parece que es este mundo y puede tanto ser un lugar lindo, amable y feliz como un sitio hostil y cruel y eso depende completamente de las experiencias que ahí tienes y de la gente que está involucrada, de tus maestros y de tus compañeros.

Si, también es cierto que las cosas más importantes de la vida no están en los libros, sino en las relaciones humanas y en la manera en que te enseñan a llevar esas relaciones dentro de tu propia casa.

Los niños se forman enteros y saludables o rotos y heridos y aunque estoy segura de que muchos como yo quisieran tener el poder de hacer que todos TODOS crecieran en un lugar amoroso y seguro, eso es algo que no podemos controlar, ¿Qué podemos controlar? La manera en que influenciamos a los niños que tenemos cerca y la forma en que les enseñamos a compartir su vida con los demás.

Los hijos son un reflejo de lo que ven en casa y la manera en que se relacionan con otros es la manera en que tu te relacionas con ellos y hay aprendizajes y comportamientos importantísimos que no se aprenden en las aulas pero que se contagian dentro de ellas como la varicela o los piojos.

1.- Dónde se tira la basura.

2.- Pedir disculpas cuando te equivocas.

3.- Ser respetuoso ante las ideas diferentes.

4.- Propiciar la diversidad.

5.- ¿Cómo manejas la frustración?

6.- ¿Cómo desahogas el enojo?

7.- ¿Eres competitivo o colaborativo?

8.- ¿Tienes un pensamiento colectivo o siempre individualista?

9.- ¿Qué haces cuando ves injusticias?

10.- ¿Cómo le das valor a un ser humano?

11.- ¿Eres inclusivo o más bien segregas?

12.- ¿Qué dices de las personas cuando no te ven? ¿Reproduces mensajes positivos o negativos?

13.- ¿Haces trampa o dices mentiras para lograr tus objetivos?

14.- ¿Qué trato le das a los animales y a otros seres que te rodean?

15.- ¿Con qué sueñas?

Es verdad, cada uno de nosotros contiene una configuración genética única e irrepetible, pero también es verdad que muchos, muchísimos de nuestros comportamientos son aprendidos, a veces por decisión pero principalmente por imitación.

¿Qué es lo que les está dando tu hijo a otros? Lo mismo que le estás enseñando tú a él.

Nuestro mundo ya está hecho, pero el de ellos se está formando; que afortunada y atemorizadora la idea de que nosotros podemos ayudarlos a que los personajes de las historias que están a punto de vivir sean amorosos, respetuosos, compasivos, creativos o como muchos de la generación que nos acompaña y nos dirige, egoístas, abusivos, mentirosos y destructores.

Vamos a crecerlos en la colaboración, en el amor, en la bondad, en la compasión, en la inclusión, hay que enseñarlos a tratar a los demás de la misma forma que nos gustaría que los trataran a ellos, ayudémosles a formarse enteros y a ayudar a otros con menos oportunidades a también ser enteros.

Que no vean color en la piel, que las capacidades diferentes ante sus ojos no sean limitantes, que las diferentes formas corporales, gordos, flacos, altos, bajitos no sean razón de burla, que las diferencias en la apariencia, labios chicos o grandes, dientes chuecos, lentes, ropa distinta o vieja, no generen apodos, que se respeten y quieran ellos mismos, que se valoren, que se acepten, que quieran mejorar pero no ser otra persona, que sean más como ellos que aún están limpios y menos como nosotros que ya estamos contaminados,  que den la oportunidad a otros y a ellos mismos de mostrarse tal y como son y aun así sentirse aceptados y pertenecientes, esa es la única manera que tenemos de ser todos libres, aceptándonos en nuestra infinita perfecta imperfección y aceptando a los otros de la misma manera.

Que el amor que les das a tus hijos sea tan grande, honesto y puro, que les alcance para compartirlo con los demás.

Feliz regreso a clases, bienvenidas sean estas generaciones que seguro van a ser más felices y conscientes que las muchas que le antecedemos.

“Es mas fácil criar niños fuertes que reparar adultos rotos” – Frederick Douglass

Clo.

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  • Ximena y Sofía. Inicio de clases.

 

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