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Para encontrar respuestas

Mi lugar favorito en la ciudad de México son los viveros de Coyoacán. Es perfecto para ir a generar endorfinas, activar tu cuerpo y llenarte de vibra lindísima. Es un circuito arbolado de 2.2 kilómetros con pequeñas veredas en donde encuentras gente realizando actividades deportivas; atletismo, yoga, artes marciales, caminata, etc. Hay desde los corredores de competencia, hasta personas a las que llevan en camilla, la cosa es que en los Viveros de Coyoacán nadie se para; algunos corren, otros caminan, otros cojean un poco, algunos van en sus sillas, pero nadie se para, todos vamos avanzando de alguna forma, siempre.

En una ciudad tan sobrepoblada y caótica como la ciudad de México los viveros y sus árboles, ardillas y mariposas son un oasis.

Me encanta ir, especialmente en mis días difíciles, al final me detengo en una de sus bancas y respiro hondo y pausado por un ratito, me despido abrazando por varios minutos a un árbol que ya tengo seleccionado que es perfecto para mi cuerpo, siento la corteza en la piel, en las manos, en la cara y tal vez es mi imaginación, pero lo percibo abrazarme de regreso.

Cuando lo tomé como hábito estaba en una fase de descubrimiento y se me ocurrió que adicional a las endorfinas, lo que me daba ese reinicio y esa mejora de ánimo era también el contacto con la naturaleza.

Así empecé a buscar tenerla cerca de manera más continua. Aun en ocasiones en donde el asfalto domina, siempre hay rincones pequeños en los que la naturaleza se mantiene. Al redescubrirla encontré también respuestas, calma. Y mi visión del mundo, del planeta, cambió, así como la forma en la que me relacionaba con ellos.

Así surgió mi deseo por hacer viajes a parques nacionales, esta vez en Estados Unidos y Canadá en una camioneta que por unas semanas se ha convertido en nuestra casa.

Kilometro a kilometro nos fuimos llenando los ojos y también el corazón. Entre árboles, pinos, ríos, cascadas, lagos y montañas la vida se volvió un poco más clara y obtuve mis “para qué” y algunos “cómo”. No es que me sintiera particularmente llena de preguntas, pero me he quedado con la sensación de haberme sumergido en un bálsamo, refrescante, generoso y suave.

En el camino vimos alces y ciervos, águilas, osos, coyotes, búfalos, búhos, patos, ardillas, carneros y no podría estar más maravillada. Ayer al manejar de regreso buscando nuestro campamento había muchos vehículos parados, eso significa (en idioma viajero de parques nacionales) que hay algún animal que avistar desde la carretera.

Era un ciervo con una cornamenta enorme. Después de las rigurosas fotos todos se fueron. Yo quise seguirlo como hipnotizada un poco más, sin molestarlo, guardando mi distancia. El ciervo siguió caminando, llegó hasta un lago. Los últimos rayos de luz le daban al ambiente algo especialmente sagrado y el momento lo sellaron en mi memoria. Bebía agua, tranquilo, majestuoso, no había ruido. Sentí una calma inmensa y un agradecimiento honesto de poder ver algo así.

Él, el lago, la escasa luz, las montañas de fondo, la hierba rozando mis piernas, el aire frío, y yo. Todos, pequeñas partes de lo mismo. Todos, lo mismo.

No puedo creer lo perfecto de la naturaleza, de cada animal, de cada planta, del cielo colorido, de las montañas y los ríos. Y lo afortunados que somos quienes la tenemos cerca y mayormente quienes somos capaces de apreciarla.

Si tienes preguntas, si el corazón te duele, si estas confundido, puedo decirte que las respuestas, la calma, la cura, están dentro de ti.

Pero estar cerca de la naturaleza, sentirte parte de ella, respirar aire puro, ver animales libres, observar atardeceres, meter los pies en el mar o brincar piedras en el río, acampar en un bosque, caminar en el pasto, abrazar un árbol, acostarte en la hierba, reconectarte, volver a la fuente, a la madre de todos que es la tierra te ayudará a que el ruido se calle y seas capaz de escuchar y de entender aquello que en este momento parece tan borroso e inaudible.

Lo digo yo y también lo dijo Einstein, y mira que él sí que sabía de lo que hablaba, así que no lo eches en saco roto. Yo solo te comparto con cariño lo que a mi me sirve.

“Mira profundamente dentro de la naturaleza y entonces comprenderás todo mejor” AE

Y vamos, que si a mi un árbol me abraza, yo te puedo abrazar en la lejanía.

Asi que te mando un abrazo.

Clo

* El momento mágico. Jasper, Canadá.

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“Estar cerca de la naturaleza te ayudará a que el ruido se calle y seas capaz de escuchar y de entender aquello que en este momento parece tan borroso e inaudible.” – Clo

4 thoughts on “Para encontrar respuestas

  1. ¡Me ha encantado todo lo que has dicho! Yo también soy un poco fanática de la naturaleza y de toda la belleza que nos ofrece a diario. A veces, siento que necesito escapar de la ciudad para reconectar con el mundo y conmigo misma, y eso solo lo consigo en la naturaleza.
    Gracias por compartirlo, de veras.

  2. Yo de plano huí de la ciudad y ahora vivo cerquita del mar, tres veces a la semana entreno en el mar y ver el amanecer y comenzar mis días nadando, son de las cosas que más feliz me hacen, comienzo mis días con una sonrisa y serena… Así que sin duda comparto lo que cuentas aquí.

    Abrazos 😉

    1. Debe ser difícil tomar una decisión así, toda decisión tiene sus pérdidas pero definitivamente creo que la tuya te trajo más ganancias. Qué fortuna poder tener al mar tan cerca. Vives lo que para muchos es un sueño. Disfrútalo. Muchas gracias por escribirme.

      Un abrazo de regreso.

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