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Nuestro pequeño Big bang

Era 2019, que en mi mente sería un año de reinvenciones, de proyectos, un año que me sacaría del sopor, que me despertaría, que me daría más gozo.

Porque 2018 con sus movimientos me había dejado empachada, retacada, llena, desgastada y harta.

Pero resulta que Enero es sólo la continuación de Diciembre, que los propósitos no siempre son suficientes para cambiar las cosas de manera drástica y sobre todo que cada hoja que cae de cada árbol, cada grano de arena que se mueve en el desierto sucede por algo y para algo.

Las molestias no deben aliviarse con paliativos, la salida del dolor no es rodeándolo sino a través de él y si confiamos y ponemos atención, todo lo que sucede y nos sucede es para nuestro máximo bien.

Así que 2019 no solo se sentía como 2018, sino como la suma de todos los pensamientos confusos que alguna vez tuve. Todos sucediendo al unísono.

Y pude haber hecho algo que frecuentemente hago; intelectualizarlo, intentar controlarlo, buscar respuestas en libros, en cursos, en formaciones, usar la razón como tapadera de mis emociones.

Pero saber no es lo mismo que sentir.

Tener la teoría instalada en la cabeza no es lo mismo que tener sosiego en el corazón y el mío se sentía como un rio revuelto, lleno de arena y hojas, lleno de cosas que necesitaba sacar.

Me escuché, esta vez mi alma no tuvo necesidad de gritar, el tsunami no llegó, me puse atención y me escuché y una interminable sensación de bochorno, de apretura, la necesidad de hacer limpieza, de ordenar, de sacar cosas se quedaron conmigo.

Cerré los libros, dejé algunos cursos a medias, desconecté los cables y no quise oír más. Casualmente algo sucedía a la par y estaba tan despierta, tan atenta que pude verlo.

Por primera vez la idea de ser madre pasó por mi cabeza. Por primera vez.

En el pasado me pregunté muchas veces si algún día me llegaría, pero nunca fui como tantas otras que nacen con el instinto despierto, que sienten la necesidad de maternar al ver a otros bebés. Ni sentí tampoco nunca a mis trompas de Falopio emocionarse al ver ropa de recién nacido.

Pero 2019 fue distinto, empezó como una idea, solo eso, ni un proyecto ni un deseo, sólo una idea de una posible maternidad futura que se instaló en mí junto con ese sentimiento de saturación, de exceso, de indigestión emocional que no lograba disipar.

Los caminos que había intentado no me habían llevado a un sitio en el que pudiera sentir solaz y calma, entonces decidí intentar otras cosas, mas cosas, que al final resultaron ser menos cosas, justo lo que necesitaba. Menos.

Quise apagar el ruido, de todo, de los libros, de los seminarios, de los diplomados, de los podcasts, de algunas personas y sobre todo quise dejar de creerle a mi propia boruca interna, interminable y fastidiosa.

¿Es tiempo? ¿Aquí? ¿Así? ¿Estoy preparada? ¿Soy capaz?

¡Basta!

Poco a poco, con meditación, con yoga, con mi tribu, con amor y paciencia, con ayuda y con calma, empecé a vaciarme. A sacar tiliches, trastos en forma de temores, creencias, piedras. Con el paso de los meses, me empecé a hacer las preguntas correctas, me reconecté conmigo y con mi espiritualidad.

Me escuché, pude oír la necesidad que tenía internamente de hacer espacio, no me pregunté ¿por qué?, solo me seguí escuchando. Dejé a los intermediarios y retomé mi relación con la fuente del todo. Me aventé un clavado a las profundidades de mi mar interno y esta vez no quise oír indicaciones de alguien que me dijera cómo hacer las cosas, qué sentir o qué no sentir, sin juicios, ni recetas mágicas, me dejé llevar por mi brújula, por mi intuición.

Yo no lo sabía, pero estaba haciendo una limpieza interna, profunda, sacándolo todo.

Yo no lo sabía, pero estaba deshaciéndome de lo que no me nutre.

Yo no lo sabía, pero estaba haciendo espacio. Espacio para mi bebé.

Pasaron unos cuantos meses y mi tormenta se convirtió en una agradable lluvia, de esas tropicales que acarician la piel en los veranos calurosos.

Y finalmente, con plena consciencia, con ganas, con miedo, con incertidumbre, con dudas, con ilusión, entre lenguas exóticas, comida muy aromática y una tierra milenaria, la idea por primera vez se hizo deseo y bendita la vida, se nos concedió.

Yo no lo sé con certeza, pero quiero pensar que ese espíritu que sería mi hijo ya estaba listo para venir a hacerse carne dentro de mi carne.

Yo no lo sé con certeza, pero tal vez Dios y el universo ya estaban listos para enviármelo.

Un deseo al que en un pequeño Big bang de la semilla de alguien que me ama y que deseaba lo mismo, plantada en la cazuela cósmica que es mi útero, le salieron ojos, piernas, una naricita y una boquita, brazos, cinco dedos en cada mano y un corazón que late como trote de caballo.

Honro mis tiempos, mis horarios y mis ritmos. Honro mis procesos y la manera en que afronto la vida, que siempre es tan distinta a la de muchos otros.

Cada quien sus formas, cada quien sus agendas, cada quien sus clavados a sus mares internos.

Sólo creo que escucharse, respetarse, poner atención a lo que el corazón dice puede traer magia y esa magia puede tomar formas realmente hermosas, pero para que esa magia pueda habitarnos a veces hay que hacer espacio.

 

Contenta, emocionada, agradecida y redonda.

Clo

 

 

Igor, nuestro big bang y yo.

6 thoughts on “Nuestro pequeño Big bang

  1. Te felicito, sobrina, no solo por el hecho, tan maravilloso…mas por el camino y el coraje que te hizo llegar a esto. Te felicito, te va a encantar. I hope to bake her a cake someday, like I did for you when Nick was in my vientre. Your life will never ever be the same again.

    1. Tia querida, needless to say how excited and asustada and excited and asustada I am. I know that life as I know it, is about to be over… I am going to do my very best and I also hope that you can bake a cake for my lil munchkin as you did for me!!!! besos muchos!!!

  2. Anaaaaaaa muchas felicidades! Leí una noticia de un blog y de la nada vino a mi mente el tuyo… hacía muchos años que no te leía… y me topo con esta hermosa entrada y es precisamente de ayer… Woowww! De verdad me llena de energía buena leerte… te mando un abrazo y muchas bendiciones para tu familia. Saludos Lili

    1. Muchas palabras por tus palabras lindas. Hacía muchos años que no publicaba nada de lo que escribía, qué linda coincidencia que justo leas algo tan bonito. Te mando un abrazo grande. Se siente la energía flotando hasta acá, siéntela también de regreso. Un beso.

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