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Cuerpo dentro del cuerpo

Hace apenas unos seis años es que empecé a amigarme con ésta herramienta de carne y hueso que me permite vivir mi experiencia humana, mi cuerpo.

Iniciamos finalmente una relación más amorosa, más amable. Lo nutro, lo muevo, lo reto, lo escucho, lo acepto, le agradezco, pero jamás sentí la admiración que me ha provocado ésta etapa que no deja de parecerme tan fugaz y extraordinaria.

Estoy creciendo vida, por más cliché que parezca, estoy creciendo vida. Funciono como fábrica humana, mi cuerpo hizo además de los míos, otros ojos, piernas y manos, hizo otro cerebro, otro corazón, un sistema respiratorio, reproductor y digestivo, piel, pestañas y pelo. Mi cuerpo se estira, se parte, hace espacio, se abre, fabrica piezas y partes, tejidos y órganos, no entiendo cómo, pero él sabe lo que hace.

Mi cuerpo trabaja con materia prima que también le es extraña, con un código genético que no nos pertenece y durante meses ha creado magia que me hace con curiosidad soñar con el resultado final. Colores, texturas, olores, formas, tamaños que pacientemente espero para pronto poder ver, oler, probar, oír y tocar.

Llega la noche y mi cuerpo duele, a veces por todos lados, pero sostiene a Nuestro pequeño big bang y a mí. Deja a los espíritus que en realidad somos, habitar la carne, encuerparnos para poder sentirnos, para poder existir.

Mi cuerpo me recuerda que pasamos un día viviendo y creando, que falta poco para la separación y el encuentro. Hay días en los que el recordatorio se manifiesta en la cadera, en la espalda o en la incapacidad para dormir. Y en esos instantes en los que el desespero hace al tiempo parecer lánguido y flemático, mi cuerpo me recuerda que es mi cuerpo, pero que dentro hay otro cuerpo al que le pertenecemos, al que le somos.

Va a llegar bebé y mi cuerpo y yo volveremos a estar solos, pero no vamos a regresar nunca a lo que fuimos, bebé habrá dejado sus huellas por dentro y por fuera una memoria perpetua de esta historia de amor y carne que acabamos de empezar.

Yo ya no soy lo que era, no me siento, ni me pienso como hace unas cuantas lunas lo hiciera y eso esta bien. Eso esta realmente bien.

Porque desde el día que bebé llegó a poblarme, a gestarse, también empezó a gestarse otra yo. Una mezcla de una mujer que no conozco hecha con uno poco de la misma y algo que me estoy dando la oportunidad de descubrir al paso.

Tal vez soy mente, espíritu y este cuerpo, pero tal vez sólo soy una crisálida.

Transfiguración, transmutación, transformación, maternaje, mi cuerpo, el cuerpo que habita mi cuerpo, yo.

 

Clo

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